jueves, mayo 22, 2008

La nueva película de Lucrecia Martel


Si tuviese que hacer una lista de las mejores películas argentinas de los últimos 10 años, seguramente estaría La ciénaga. Me pareció un ensayo brillante de Salta, de la familia, de su clima agobiante y de ese dolor de ya no ser de una Graciela Borges brillante.

Ahora, Lucrecia Martel no fue tan bien recibida en el Festival de Cannes. Su nueva película, "La mujer sin cabeza", fue destrozada por la crítica. Especialmente, Carlos Boyero, de El País, le dio con algo de saña: "Nada de lo que veo ni de lo que escucho merece fijar la vista ni aplicar el oído. No encuentro nada que se pueda narrar. Intuyo que hay muchas pretensiones pero no sé de qué. Qué exposición tan pesadita, qué rituales tan repetitivos, qué mensaje tan críptico el de La mujer sin cabeza. Sé que volveré a encontrarme con el cine de Lucrecia Martel en futuros festivales, su espacio natural. Sólo anhelo que su creatividad no se vuelva estajanovista y que no le dé por rodar dos películas al año".

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miércoles, mayo 21, 2008

"Ebano" y "Cinco historias del mar"

En las últimas semanas, estuve leyendo dos libros. Anoche los terminé y quiero recomendarlos. Sugerir el primero puede resultar casi una obviedad para los lectores de Zoom que son periodistas, pero yo no lo había leído: "Ebano", de Ryszard Kapuscinski. Y el segundo es "Cinco historias del mar", de mi ídolo personal Josep Pla.

"Ebano" es muy impresionante. El relato de esa Africa postcolonista y la capacidad de observación de ese polaco cabrón hacen del libro una joyita. Me sorprendió especialmente el final. La resignación del tipo por no poder -pese a los viajes y a la experiencia- entender a un continente que todos ven en bloque, que parece invisible para el resto del mundo.

"Cinco historias del mar" es un viaje hedonista, luminoso y apasionante del catalán por la Costa Brava. Son relatos llenos de costas, de colores, de recetas sobre cómo cocinar un buen pescado, de por qué la sardina es algo ordinario, pero cocinada a las brasas no tiene competencia...

"En estas aldeas tan insignificantes, la existencia transcurre entre dos extremos: por un lado está el aburrimiento, el tedio; por otro lado cualquier detalle os despierta la curiosidad, las cosas más pequeñas, más alejadas de vuestros intereses. A medida que la vida pasa, se da uno cuenta de la importancia del aburrimiento. Nadie sabe ni puede resistir el tedio. (...) Creo que una de las piezas de toque más seguras para conocer la fuerza de un hombre es su capacidad para resistir el aburrimiento. en Fornells era necesario tener esta fuerza, más o menos acusada. Era un paraje fabulosamente tedioso". Touché.

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Chiste

Chiste escuchado anoche en una cueva de Lavapiés.
Esposo: Decime algo con amor.
Esposa: Amorfo.


(Gracias Inés por la corrección)

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martes, mayo 20, 2008

Valdano y la corrección

"Si Valdano tuviera que dar la orden de abandonar un barco en llamas lo haría con sujeto, verbo y predicado"
Juan Villoro, escritor, autor de Dios es redondo

lunes, mayo 19, 2008

El beso perfecto


El sábado fui a una muestra de Rodin. Y, entre las obras, estaba una de las versiones de "El beso". Es una escultura muy conocida, muy vista en todos lados. Pero, de cerca, me sorprendió especialmente los pliegues de la espalda de él, que está arqueado pa chaparla mejor. Es una de las cosas más perfectas que vi en los últimos años.

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La cocina y el amor


Una de las causas más incuestionables de la buena cocina es, como ya saben ustedes, la pasión del amor; del amor puede nacer una buena cocina, por la esperanza de que la buena cocina avive la respuesta amorosa de la persona amada. Hay mujeres que al enamorarse apasionadamente de un hombre tienden, entre otras cosas, a convertirse, con referencia al objeto de su amor, en cocineras excelentes, pacientes, eficacísimas. Lidia había sido una buena cocinera, pero el grado de perfección y de generosidad a que llevó sus conocimiento culinarios aquella temporada me hace pensar que se enamoró de quien luego sería el Glosador. Sin la intervención de un movimiento del corazón, profundo y real, aquella mesa no hubiera llegado a la calidad que notoriamente obtuvo. Fue un torrente, una inundación de ternura convertida en sofritos y salsas, picadillos y suquets.
Josep Pla, en Cinco historias del mar, un libro que estoy leyendo. Y que se transformará en esos que, cuando terminas, te hace preguntar: ¿Qué será ahora de mi vida sin este libro?

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jueves, mayo 15, 2008

Quedar para llorar


Acabo de cortar con una amiga. Le pregunté qué planes tenía para el fin de semana. Me contó que ella y su amiga L. están mal de amores. Se cruzaron con tipos que las hicieron sufrir, que no las quisieron querer o lo que puta fuese (¿acaso en estos casos importa?). Y ahora están con estrago.

L. tiene un problemita: no puede llorar, pase lo que pase. No le sale. "Entonces, nos veremos con L. el fin de semana. El sábado no puedo, Jemio, quedamos en casa para llorar".

Quedar con alguien para llorar juntos me pareció hermoso, quizás uno de los gestos de amistad más conmovedores que uno puede tener. Ojalá uno siempre tenga, en momentos de tristeza, alguien con quien llorar a dúo. Salute por ellas entonces. Salute por la tristeza compartida, que siempre duele menos.

miércoles, mayo 14, 2008

Abren las inscripciones para el Programa Balboa

Están abiertas las inscripciones para el Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos. Es una beca que se realiza todos los años en Madrid y está destinada a 20 profesionales de toda América Latina. Cubre pasaje ida y vuelta, seguro médico y mil euros por mes.

Cada uno de los becarios trabaja en un medio de Madrid durante seis meses y, además, recibe sesiones académicas con profesores universitarios, periodistas, políticos, empresarios, etc.

El año pasado, se presentaron tres mil candidatos; se realiza un proceso de selección en el país de origen de los periodistas y la decisión final se toma en España. Los interesados pueden entrar a la página del Programa Balboa.

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Ni rápido ni adecuado

La prensa tradicional, en su paso a la digital, no está siendo ni todo lo rápido ni todo lo adecuado que debe ser. Se está suicidando lentamente.
Mario Tascón, ex director de contenidos de Prisa.com, en una charla que dio en la beca que estoy haciendo

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martes, mayo 13, 2008

Talibanismo gastronómico


Ayer fui a Osuna (Andalucía) a la presentación de una novela histórica. Como suele suceder en esos viajes, compartís buena parte del día y la mesa con otros periodistas. Entre ellos, había uno que tenía una rareza, al menos para el resto del grupo: era andaluz -tierra de Lorca, de Picasso, de los gitanos y de los excesos- y vegetariano.

Es más que vegetariano: no come huevos porque no quiere dañar a las gallinas; no come pescado porque no está de acuerdo con las condiciones de extracción de las piezas y no usa ropa de lana porque, explica, las ovejas sufren mucho cuando las esquilan. Y, claro está, tampoco ropa de cuero.

Inmediatamente, el grupo comenzó a masacrarlo a preguntas. Algunas eran genuinas e interesantes y otras respondían al mero deseo de boludearlo. Pensé en lo difícil que debe ser convertirse en vegetariano en Famaillá y en lo fácil que puede ser en Nueva York. En suma: que depende del entorno. Y España no es un país amigable en ese sentido.

Y pensé que nunca conocí a un vegetariano que sólo sea vegetariano; quizás mi amiga Cecilia Buldain sea una excepción. En general, son militantes, le explican a los carnívoros lo mal que hace la carne y lo bien que se sienten a partir de haber tomado esa decisión tan sabia.

A mí me da igual lo que la gente se meta en la boca. Pero me indigna un poco que quieran evangelizarme. Desde que llegué a España, comí sólo una vez carne de vaca. Acá el pescado y los mariscos son excelentes y no extraño la carne roja. Pero de ahí a pensar que la lechuga sufre porque la arrancan de la tierra es otra cosa. De hecho, este chango contó sobre los frutarianos, que sólo comen frutos secos, frutas y bayas.

Pienso también que es una decisión que, en cierto punto, atenta contra tu vida social. Sos un distinto, alguien que tiene que llevar el tupper a un lugar o pedir -molestar- para que te cocinen otra cosa que no tenga ninguno de los ingredientes que vos no podés comer por tus caprichos alimentarios. En suma: talibanismo gastronómico.
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